¿Cuánto vale la identidad? De acuerdo con el “Reporte global de las amenazas a la seguridad por Internet”, los números de las tarjetas de crédito se venden hasta por 40 centavos de dólar en el mercado negro, y el acceso completo a una cuenta bancaria cuesta $10 dólares.
No hace mucho, la identidad de una persona no costaba tanto. Las discusiones sobre privacidad y las teorías sobre conspiraciones parecían más bien cuestión para debates académicos. Hoy, lamentablemente, el contexto con demasiada frecuencia es de consumidores timados, con situaciones de números de tarjetas de crédito robadas, falsas hipotecas y fraudes de empleados cuya aclaración requiere muchas horas por la acumulación a lo largo de años.
PROBLEMA DE MUCHOS CEROS. Desde luego, cuando alguien llega en busca de los ahorros de toda la vida de la abuela, no tardarán en aparecer los “buenos samaritanos”. Está, por ejemplo, el caso de los proveedores de servicio que monitorean el robo de los números de identificación del seguro social en Estados Unidos. ¿Cómo operan? “Dénos su ID y notificaremos cualquier actividad sospechosa mediante e-mail o por teléfono.”
Estos servicios, que por lo general cuestan entre $10 y $20 dólares al mes, ofrecen proteger la identidad monitoreando a las tres agencias que reportan sobre créditos (Experian, Equifax y TransUnion), aplicaciones de teléfonos celulares, bases de datos gubernamentales e información pública. Algunos de estos organismos proveen seguros (sujetos a firma y no válidos en todos los estados) para el pago de gastos derivados de la recuperación en los casos de robo de ID.
Algunos proveedores ofrecen incluso más: Identity Guard, de Intersections ($17 mensuales en el plan Protección total), dice que usa tecnología patentada de escaneo para mantener una vigilancia diaria de los “chats callejeros” y grupos de noticias para ver si la identidad del cliente está en venta; Secure Identity Systems ($7 al mes) rastrea centenares de bases de datos que usan los números del seguro social, como las compañías de servicios públicos, el registro de automóviles, estados de cuentas emitidos por instituciones financieras, etcétera; MyPublicInfo ($80 por un perfil de información pública semestral) revisa los registros de la policía y los de bienes raíces; Debix ($99 anuales) automáticamente lo llama a uno a su casa o celular en cuanto alguien obtiene un nuevo crédito a nombre de la persona, y LifeLock ($10 mensuales) solicita que el nombre sea borrado de tarjetas de crédito preaprobadas y listas de correo basura “y continuamos repitiendo las peticiones a medida que expiran”, para que los atacantes no puedan robarse los ofrecimientos de tarjetas de crédito de los buzones.
Un poco de prevención frente a los robos de identidad está bien, en especial dado que desde enero de 2005 en el vecino país del norte han sido violados más de 225 millones de registros con información personal y sensible, de acuerdo con la Privacy Rights Clearinghouse (PRC). Además, la cantidad y escala de irrupción en los datos parece ir en aumento: en un asalto a una firma de cobro de deudas de Indiana (Estados Unidos) se robaron un servidor que contenía información personal de 700,000 individuos, incluidos algunos números de seguridad social.
Desde luego, no todo registro violado resulta en un caso de robo de ID. Cosa interesante, un estudio del Identity Theft Research Center halló que en casi la mitad de los casos de robo de identidad la víctima cree que el malhechor ha sido un miembro de la familia o un amigo. Con todo, dado que estos atropellos van en aumento no debe sorprender que la incidencia de los robos de ID se triplicara en 2007, según constancias.
Además, la reparación de los robos de identidad puede ser complicada. De acuerdo con un estudio de la Comisión Federal de Comercio estadounidense (FTC, por sus siglas en inglés) sobre casos de robo de ID entre 2001 y 2006, en el 10% de los casos más extremos, los costos alcanzaron $1,200 dólares, y limpiar requirió 44 horas. Con todo, el tiempo medio para resolver un problema de robo de ID era de cuatro horas y “en más de 50% de los robos de ID, las víctimas incurrieron en gastos superiores a lo que se puede pagar de inmediato”, como sueldos perdidos, costas judiciales, pagos por deudas fraudulentas y gastos varios (notarización, copias y timbres de correos, etc.).
EL MONITOREO PROMETE MUCHO. El monitoreo previene el robo de ID por la vigilancia activa sobre fraudes en nombre del cliente. “El servicio de monitoreo de créditos notifica a la persona en un estadio anterior a cuando podría saber que ha sido estafada, pues de otra forma podrían pasar meses antes de que la persona se enterara”, dice Paul Stephens, director de política y defensa del PRC.
Ahora bien, el monitoreo no detiene por sí mismo el robo de ID. “En el caso del monitoreo de los créditos, el estado de cuentas de una persona puede ser visto por gente que pretende cometer actos fraudulentos –afirma el directivo–. La persona recibirá una alerta, pero esto no impide que los mal intencionados usen el estado de cuentas.” En este punto ya es demasiado tarde para congelar el crédito, que prohíbe que nadie salvo los auténticos acreedores vea el reporte de los créditos. Esto significa que los datos personales andan sueltos y pueden haber sido usados para obtener una tarjeta de crédito, un teléfono celular o incluso una hipoteca a nombre de la persona victimada.
Por otro lado, no todos los servicios o niveles de servicio son iguales. Algunas compañías, en efecto, únicamente monitorean un buró de crédito, al menos en su nivel básico de servicio; de modo que si alguien solicita una tarjeta de crédito a nombre de una víctima en Citibank (que usa TransUnion) y la firma monitoreadora sólo trabaja con Experian, no captará el fraude.
Y algunos servicios ni siquiera monitorean los estados de cuenta. LifeLock, por ejemplo, sólo coloca una alerta de fraude en la cuenta, “algo que no es tan fuerte como una congelación del crédito –opina Stephens–, sino que meramente coloca una banderita roja en la cuenta, con lo que los acreedores quedan advertidos de que puede haber alguna actividad fraudulenta, por lo que para comprobar la identidad hay que dar otros pasos”. De igual modo como a veces no se coteja la firma del voucher con la que hay al dorso de la tarjeta de crédito, puede ser que no se proceda a ninguna comprobación.
Todo lo anterior lleva a la pregunta: ¿Valen su costo estos servicios y, para ser más precisos, lo protegen realmente a uno de un robo de ID? “Nuestra postura es que para la mayoría de los consumidores (y por ‘mayoría’ entendemos más del 99.9% de los estadounidenses) no protegen –dice Stephens, de PRC–. Si se está hablando de gastar $100 dólares o más al año, no pensamos que el beneficio típico que derivaría un consumidor valga el costo. Ahora que si estos servicios se ofrecen gratuitamente, adelante y acéptelos.”
Por ejemplo, algunos bancos ofrecen un monitoreo gratuito como un privilegio para cuentas Premium o, “si a uno se le ha notificado que ha sido víctima de una irrupción en sus datos, la organización a menudo concede un año de monitoreo gratuito de los estados de cuenta. “Pienso que la congelación es la mejor manera de controlar el crédito –afirma Roschke, de EPIC–. Impide que ocurran cosas sin el permiso de uno. Y por muchos motivos es el mejor modo de monitorear el crédito, porque no hay que estar ojo avizor. Sencillamente, uno lo ha trabado.”
CINCO OPCIONES GRATUITAS
En lugar de pagar por el monitoreo de robo de ID, los consumidores pueden emprender su propio programa de monitoreo, prevención y reacción, casi siempre gratis.
- Revisar los estados de cuenta de los créditos
- Recurrir a la congelación
- Colocar alertas contra fraude
- Evitar las tarjetas de débito
- Buscar servicios de soluciones
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